El Viernes Noviembre 17, a las 3 de la tarde, un edificio en la calle 144 de Hamilton Heights, se incendio, acabando por completo con el sexto y quinto piso. El fuego, de 6 alarmas, causó daños masivos, pues más de 200 bomberos lucharon por más de 12 horas para apagar el fuego que terminó por derrumbar el edificio, así dejando alrededor de 40 familias sin hogar, siendo este, el incendio más grande del área en los últimos años.

Algunos inquilinos que lograron entrar de nuevo a sus apartamentos, no duraron mucho tiempo ahí. Se les dificultó respirar, y causaba un dolor en el cuerpo que decidieron salirse de nuevo, en busca de un lugar menos arriesgado.

Durante este tiempo, mi familia y yo, ofrecimos nuestro hogar, a una pareja con cuatro niños, quienes ya no pudieron entrar a su apartamento, pues cuando inició el incendio, las madres de familia estaban recogiendo a sus niños de la escuela. Por la cantidad de humo que se introdujo por las puertas y ventanas de su apartamento. Está madre de familia, temía que el humo afectará la salud de sus niños.

“Me da miedo, que los niños más pequeños no resistan y algo les pase” dijo ella.

Su esposo fue uno de los inquilinos que logro entrar al apartamento, pero después de 15 minutos, el no resistió el dolor que le causaba el humo. Al enterarse de esto, su esposa se negó a regresar, por seguridad de todos ellos. Pero quizás no todos tuvieron la ayuda de alguien.

Por suerte, La Cruz Roja habilitó la escuela pública, P.S. 153, como refugio para que las familias para que tuvieran un lugar donde pasar la noche y hasta merienda les ofrecieron. No sólo las familias del edificio incendiado fueron afectados, sino también, familias de los edificios aledaños, por riesgo a que el fuego se esparciera.

Las oficinas de Mark Levine, el Concejal de la Ciudad de Nueva York, también ofrecieron ayuda a los afectados. Estuvieron en contacto las familias, y trabajaron con una organización sin fines de lucro para un fondo. Un fondo que será dividido y repartido por igual.

Aunque ya, el humo y el mal olor se habían desaparecido, los bomberos, desde las escaleras y techos, seguían, tratando de apagar por completo el fuego, que de vez en cuando, se volvía a prender. Por lo mientras, abajo en las calles, los policías cerraron varias calles para evitar que hubieran mas heridos, o para ayudar actualizar el tránsito.

Y aún así, varios se quedaron a ver el edificio en llamas, o lo que se pudiera. Pues el fuego fue tan grande, que el humo negro se alcanzaba a ver a diez cuadras a la redonda.